Una pequeña historia que una amiga y yo estamos escribiendo sobre una version vizarra de Atlanta y como nos hubiera gustado que pasaran las cosas...
Recostada en mi cama, entre sueños, escucho el despertador, lo cual significa que ya son las 5 am, y tengo que empezar a alistarme para ir a trabajar.
No recuerdo el día en que el ir al trabajo se había convertido en una obligación cruel.
No se si era por el reciente lío amoroso que tuve con un hombre de un departamento cercano o porque mis compañeros de departamento tenían la idea de que era una persona uraña y engreída, todo por causa de la depresion post-corazón roto que vivía, la cual había hecho que me alejara de la gente y no hablara mucho durante la jornada...
O tal vez era un poco de todo, pero cada día, estar ahí se sentía como una guerra, en la cual la unica fuera de las trincheras era yo, y cada mirada se sentía como una bala tirada a matar... El ambiente era cada vez mas tenso y yo estaba a punto de tirar la toalla... Hasta aquél día...
Eran cerca de las 12 pm, estaba un poco distraída en mi cubiculo, entre papeles y carpetas, terminando los ultimos detalles de una de las notas que tenía que entregar esa misma tarde, por lo cual no me di cuenta que alguien se acercaba a mi lugar, hasta que el escuchar una voz masculina decir mi nombre me sacó de mis pensamientos; por lo que pude notar llevaba un tiempo ahí, ya que dijo mi nombre un poco fuerte, como si me hubiera llamado un par de veces antes y hubiera tenido que subir la voz para que al fin lo escuchara.
Alzé la mirada y pude ver que era un hombre de unos treinta años, con una camisa blanca a rayas color celeste recién planchada, con el cabello lacio de color castaño claro peinado impecablemente con lo que, a mi parecer, era un monto un poco exagerado de gel para el cabello. Se presentó con el nombre de Alejandro Villavizencio; al extender la mano para presentarse pude ver que no venía solo, parada a su lado estaba una mujer pelirroja, tambien en sus treintas, llevaba entre las manos una carpeta y la hojeaba de vez en cuando mientras Alejandro me explicaba para qué estaban ahí.
Al presentarse, me dijo cual era su puesto, el cual ya no recuerdo, y me pidió que los acompañara a la sala de juntas porque tenían una propuesta que hacerme...
No pude evitar sentirme desconcertada, Una propuesta? A mi? Y que tipo de propuesta le harían a una trabajadora promedio con un amplio historial de retardos como yo? Me irían a despedir?... No lo creo; no era la empleada mas sobresaliente, pero tampoco era de lo peor del departamento. Creo que había puesto la suficiente atencion para hacer las cosas bien como para tener problemas...
Al entrar a la sala de juntas, no sabía que esperar, estaba a la expectativa. Cruzé la puerta y Alejandro y Anabel Guerrero, la mujer pelirroja que lo acompañaba, me dijeron que tomara asiento en donde me sintiera mas comoda, traté de seguir su consejo pero ninguna de las rígidas sillas de plastico que había en el lugar eran lo suficientemente comodas como para aliviar la tensión que sentía en ese momento.
Creo que el hombre notó la preocupación en mi rostro, porque me dijo en tono de broma que no me asustara, que no mordían y que no era nada malo lo que me iban a decir.
Lo que me dijo me relajó un poco, así que sonreí y me puse comoda.
Mientras me explicaban que iba a haber algunos cambios en la empresa, que mi departamento iba a cerrar y nos iban a reubicar a todos mis compañeros y a mi, y que yo había sido una de las pocas "afortunadas" que tenían la oportunidad de ser pioneras en un nuevo sistema que iban a aplicar en un nuevo departamento que estaban a punto de abrir, y que me habían escogido de entre los demás porque habían notado que tenía "potencial"...
Claro, había olvidado toda la palabrería y cosas cursis que acostumbraban decir en la empresa para lavarte el cerebro y hacerte creer que es un cambio que tú quieres hacer y no que te están obligando a moverte de tu zona de comfort y a empezar desde cero a aprender sistemas, codigos y claves, todo otra vez...
Mientras Alejandro seguía con su discurso, pude escuchar que abrían la puerta, por la cual entró un hombre apuesto, de unos 28 años, de cabello castaño y ojos marrón, llevaba una camisa de algodon color negro, la cual vestía con un porte bastante formal, caminaba de una manera un poco engreída, con la actitud de jefe, la cual irradiaba en cada uno de sus pasos. se veía bastante pagado de si mismo.
Tomó asiento en una de las sillas de la mesa frente a mi, al sentarse pude ver en su gafette su primer nombre, Oscar, pero el borde de la mesa no me dejó ver su apellido.
No me di cuenta que Alejandro había terminado de hablar hasta que Oscar se puso de pie y se presentó.
- Hola Felicia, mi nombre es Oscar Gorrocica, soy gerente de operaciones del departamento de servicio al cliente division Atlanta, al cual te doy la bienvenida el día de hoy.
- Wow, esto es demasiado formal -Pensé
- Como ya habrás escuchado, el departamento al que actualmente perteneces va a terminar sus operaciones y a ustedes se les va a reubicar.
- ¿Como ya habré escuchado? La verdad no tenía ni idea, tomando en cuenta que las ultimas semanas, de todas las personas de mi departamento solo llegaba a hablar con mi supervisor, y siempre y cuando fuera completamente necesario, no hubiera habido manera de que me enterara...
Pero eso él no tenía porqué saberlo, así que solo me limité a asentir...
Gorrocica me explicó las funciones que estaría ejerciendo en el nuevo departamento, el lugar donde iba a estar ubicado, los horarios de operacion y demás... Me dijo que había sido mi ultimo día en mi departamento anterior, y que saliendo de ahí podía ir a recoger mis cosas a mi antiguo cubículo, despedirme de mis compañeros, para ese día a las 2 en punto empezar de nuevo en Atlanta...
No pude evitar tener un pensamiento sarcástico al escuchar que me daba tiempo de "despedirme de mis compañeros"; -Já! No tardaré- Pensé. Pero al escuchar la frase "Empezar de nuevo..." mi persepción cambió...
No lo había visto de esa forma; departamento nuevo, compañeros nuevos... De pronto la idea del cambio no pareció ser tan mala...
Al regresar a mi cubículo, uno de mis compañeros, al ver que organizaba mis cosas para irme, se acercó a mi, y de la manera mas tierna que pudo encontrar me preguntó.
-¿Por qué te mandaron hablar? ¿Qué, ya te corrieron?
Ni siquiera lo volteé a ver para darle una respuesta, tomé mis cosas y seguí mi camino...
Tomé el elevador al tercer piso, donde se ubicaba mi campaña, al abrir las puertas pude ver que al fondo había un pasillo adornado de globos de colores y un letrero que tenía la palabra BIENVENIDOS escrita en grandes letras cubiertas de diamantina roja, sobre un fondo color negro.
-Genial, mas cursilerías... Al menos el letrero de bienvenida tenía un toque oscuro en medio de toda esa elaborada "felicidad".
Mientras caminaba hacia allá pasaban mil ideas por mi mente.
Diferente campaña, diferente lugar, personas diferentes... No la vayas a regar... Puedes empezar desde cero... Relajate... Sé tu misma... Es lo mejor que te pudo haber pasado...
Mi corazón se aceleraba a cada paso...
Al llegar al frente del pasillo, pude ver los lugares vacíos, las altas sillas imitacion piel color negro, los grandes monitores de las computadoras de plasma, hasta las alfombras, todo tan limpio, todo en aquel lugar era nuevo...
Sentí un gran alivio al ver el cambio que estaba a punto de dar. Sentí un nudo en la garganta, y en ese momento, estando de pie frente a ese largo pasillo, frente a ese gran letrero de bienvenida, supe que habría un antes y un después... que a partir de ese instante, ya nada sería igual...